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Críticas de Cine y Vídeo

 

Amor en Rojo o la rapsodia postmoderna

Rainer Tuñón Cantillo

Los últimos dos musicales sometidos a la consideración del amante del cine no son precisamente piezas de Richard Rodgers y Oscar Hammestein, Stanley Donen, Bob Fosse o Vicent Minelli, pero tomando en cuenta su grado de pasión y la forma cómo se desarrollan, Dancer in the dark, la tragedia de Lars Von Trier y Moulin Rouge, de Baz Lurhmann, pueden considerarse como nuevos clásicos de una reingeniería del género que reinó en la época dorada de Hollywood gracias a Gene Kelly, Fred Astaire, Ginger Rogers, Frank Sinatra, Judy Garland o Julie Andrews.

En el estreno de esta semana, Moulin Rouge o Amor en Rojo, Luhrmann presenta una amalgama de todas sus influencias artísticas, marcadas por supuesto por esa sensación del escenario puro y firme del teatro, con una visión expresiva más relacionada con las nuevas tendencias de la musicalización que se apoya en la industria del vídeo (claro, allí se explican esos movimientos tan inesperados de la cámara, como si actuara junto a los demás miembros del reparto).

La historia es muy sencilla. Un joven poeta narra su tragedia de amor (muy a la Orfeo) y es cómplice con el perceptor de su experiencia al enamorarse perdidamente, y por accidente, de la corista más popular del Moulin Rouge, que a su vez es la pretendida de un acaudalado e inescrupuloso mecenas que busca convertirla en una actriz de renombre y por supuesto, en su mujer, sin conocer el triste final de ese diamante.

Una vez conocida la trama, es de esperarse que nada más podría sorprender. Afortunadamente el director va más allá del relato y se concentra en todos los pequeños detalles que hacen de este filme una enorme promesa expresión postmodernista que en su momento ha sido planteada por un puñado de excéntricos creadores a través de las décadas (desde West Side Story, de Robert Wise; The Nightmare before Christmas, de Henry Sellick; The Rocky Horror Picture Show, de Jim Sharman, hasta el mismo Von Trier y este año, el musical Hedwig and the Angry Inch, de John Cameron Mitchell).

Y se refleja sentir postmodernista por ser este musical un llamado de emergencia al género, utilizando nuevas formas de lenguaje y adaptando viejas historias para lograr un nuevo desarrollo artístico.

Francia, el Moulin y Satine

Montmartre era el centro de la bohemia. Poetas, escultores, pintores, músicos, estudiantes.. todos se encontraban en ese espacio en donde sólo la creación del arte era lo que importaba. El panorama histórico de 1889, en París, el de la Belle Epoque, era ideal para el nuevo siglo. Eran los tiempos de la famosa exhibición universal y por supuesto, el Moulin Rouge abría sus puertas. Adolphe Willette se encargó de decorarlo y dentro de ese lugar habían tantos detalles que llamaban la atención por la carga explosiva de erotismo. Ese elefante gigante con influencias arábicas (dentro de su panza esperaban chicas haciendo la danza del vientre), en fin… el Moulin Rouge era el centro de la actividad y el entretenimiento parisino para quienes buscaban más que acción.

En el filme, la estrella más radiante del local es Satine (Nicole Kidman), una cortesana de una inmensa belleza y sexualidad, cuya palidez contrasta con los vestuarios que utiliza en cada una de sus presentaciones. Esa fama de diamante brillante, solo tocada por los más acaudalados, va cayendo una vez se enamora de Christian (Ewan McGregor), un jov


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