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Autor: Tony Karxofa
Ser músico es fácil, vivir de ello ya no lo es tanto. Algo menos si pretendes
ganarte la vida haciendo la música que tú quieres. Mucho menos si, además,
intentas explorar unas vías estéticas y sensitivas que rayan con la frontera de
lo que se considera “la norma” en un momento histórico determinado. Si, además
de lo ya dicho, pensamos que estamos en un país discriminado de la pasarela
político-económica que desfila en los medios de comunicación, alcanzar el éxito
se convierte en algo poco menos que milagroso. Casi resulta imposible situarla
correctamente en la geografía sin tener que acudir a un mapa, no obstante,
gracias a la música de Nor Dar, somos capaces de adentrarnos en el sueño de una
Armenia mágica, sin otra referencia que la sugerida desde el sonido.
En 1997 un trío formado por una joven pianista, un músico experto en
instrumentos de viento folclóricos y un sensacional percusionista de jazz,
derrumban los moldes y los muros a los que estaba adscrita la fascinante música
tradicional armenia, y lo hacen de un modo tan sabio y certero que, de una sola
estocada, son capaces de convertir en escombros inútiles todos los prejuicios
imaginados e imaginables sobre la música de fusión y sobre la saludable y
enriquecedora perversión de las tradiciones. Nor Dar acababa de publicar Opus
of lizard, su primer álbum.
La carrera de este exquisito trio armenio se desarrolló no obstante en
Grecia, una nación históricamente anudada a este país de la Europa más oriental.
Creado en 1995 en Yerevan, capital de Armenia, fue principalmente en el país
heleno donde Orestis Moustidis, percusionista georgiano de padres griegos,
Tigran Sarkissian, multiinstrumentista folk, y la genial pianista y compositora
Kora Mikaelian unieron fuerzas y talento en un proyecto donde la tradición
armenia se abrazaba fraternalmente a la música contemporánea.
Después de una gran acogida en su debut, dedicado a Soghomon Soghomonian,
padre de la música Armenia, Nor Dar editó Ampel'a, de nuevo incidiendo en
una vocación y un espíritu trasfronterizo, que les llevó a colaborar con músicos
hindúes y la gran cantante Lakshmi Shankar, en lo que desembocó en un río fresco
y hermoso donde se diluyen instrumentos de ambas regiones en un torrente único
donde confluyen la kora, el duduk, el shevi o los cantos milenarios en un sonido
único y trasparente como el agua. Finalmente, la corta carrera de esta formación,
se completa con un tercer disco titulado Letters home en el que la
formación clásica, el trasgresor espíritu del jazz, y el gran talento en la
composición, alcanzan una madurez tristemente truncada por la enfermedad de la
extraordinaria Kora Mikaelian, fallecida en julio de 2001 con tan sólo 37 años.
Kora, que tocaba el piano desde los 5 años, se formó musicalmente en
instituciones como la “Tchaikovsky School” y la “Komitas Auditórium”, donde
recibió una educación clásica propia del estricto y exigente sistema soviético.
Ella desató una gran curiosidad dentro del mundillo académico desde que concluyó
sus estudios, algo comprensible si tenemos en cuenta que obtuvo matrícula de
honor en todas las materias que cursó a lo largo de sus estudios superiores de
piano y composición.
La maravillosa herencia que nos deja consta de una música que admira y se
refugia en la tradición, pero que es a su vez sensible a los tiempos actuales,
en que las fronteras, sin desaparecer, no impiden ver el paisaje que hay al otro
lado, ni mirar a los ojos de quien los cuida y los habita. Con toda la densidad
y el misticismo del pasado, pero con toda la libertad y la imaginación que
siempre nos estimula frente a lo esperanzador y desconocido.
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