En el fragor de la batucada que acompaña el samba dulzón del carnaval brasileño,
destaca una voz que no percute el aire a golpe de mazo ni bastón. Un gemido
felino que surge de una mano oculta que masturba a un tambor cuyo parche nunca
se golpea, sólo se oprime y relaja buscando extraerle el grito, el signo de
exclamación, la ronquera. El ingungu con que los cazadores bantúes engañaban a
los leones haciéndoles creer que eran gatas en celo cruzó el océano encadenado a
los grilletes del tráfico esclavista, y desembarcó en las plantaciones del
océano humano del Brasil convertido en cuica, "palabro" que inventaron los
locutores radiofónicos a principios del siglo XX y con en el cual se conoce
actualmente a la puita. Siglos después, los desenterradores de tesoros y mitos
de la historia llegan a preguntarse si el idiófono de fricción así conocido no
llegó acaso a las culturas negras más al norte del continente africano de manos
de los árabes, quienes a su vez habrían propagado el invento por el sur de
Europa, como lo atestiguan sus variantes invertidas (con el falo exterior) de la
navideña zambomba española, la soronca portuguesa, la pignate provenzal o la
caccavella, caravela o putipú que sobrevive acompañando las tarantellas
napolitanas.
Aunque los aficionados a las taxonomías dejen caer a la cuica en el apartado de
las percusiones, la verdad es que no se percute. O sea que, si fuera por su
manera de despertar al sonido, estarían mejor emparentados con el violín que con
el tambor. Aunque en vez de los pelos tensos del arco, la fricción la produzcan
(en sentido perpendicular al del arco) los dedos pulgar, índice y medio de la
mano diestra, que sujetan un trapo empapado de agua o queroseno. Y la cuerda no
es tal, sino una varilla de bambú conectada a un parche tensado sobre una caja,
generalmente cilíndrica y de los más diversos materiales. Al otro lado del cuero,
los dedos de la otra mano tensan y destensan la membrana para variar la altura
musical, llegando a desplazar ésta en más de dos octavas.
Lo que emana no son sonidos musicales, sino más bien gestos vocales, ese otro
lenguaje sonoro que ningún instrumento musical logra imitar a la perfección de
lo que sale de una garganta animal o humana. Una máquina de onomatopeyas que las
escolas de samba transforman en ostinato rítmico para la danza y el desfile del
desenfreno gutural carnavalesco.
Cuando se civilizan y no improvisan sus llamadas, los tocadores de cuica se
ciñen a unos patrones rítmicos que aprovechan el vaivén de corcheas como los
siguientes ejemplos (a = sonido grave, con el parche distendido; b = sonido
agudo con el parche tensado al presionarlo con los dedos de la mano izquierda):
aaab bbba | aaab bbba |
bbba aaaa | abbb baaa |
baaa baaa | abaa baaa |
abbb baaa | abbb baaa |
abba abba | abba abba |
Hoy día, se fabrican cuicas con cajas de todo tipo de materiales, bien para
abastecer al mercado de comparseros, bien para completar las colecciones de "percusiones
del mundo" de muchos aficionados a la música popular o simplemente como recuerdo
turístico. El cilindro de la caja suele tener unos 30 cm de largo por unos 15 o
20 de diámetro, del que se suele recortar una entrada para una manipulación más
cómoda de la varilla de bambú de 30 cm de largo de su interior. Dicha varilla
está unida al parche mediante un agujero practicado en su centro y un par de
nudos que lo fijan. El extremo de la varilla, en contacto con el parche para
transmitirle las vibraciones inducidas por su fricción, tiene una cabeza y una
pequeña ranura llamada pescuezo para un mejor agarre al cuero, generalmente de
cabrito. Como sucede con la mayoría de instrumentos con membrana, está se coloca
y estira mojada, para lograr una máxima tensión al secarse una vez sujeta.
Algunos tocadores frotan la varilla a "mano limpia", sin paños, para obtener un
mayor control de los sonidos que emite. Respecto a la forma de sostenerla, cada
tocador tiene la suya, bien apoyada en el hombro o en diagonal sobre el pecho. Y
también su nombre varía según las regiones: así en la zona de Maranhao se la
conoce como roncador, socador, fungador o tambor de onça, en Alagoas adufe o
adufo, onça en el norte, además de puíta, piúta, poita, ronca, vu o vuvu en el
resto de Brasil.
[Foto de la cuica por cortesía de Latin Percussion].
Musicas Del Mundo
http://www.musicasdelmundo.org/article.php/20040320135615853