|
 El descubrimiento y posterior conquista por Europa del continente americano
produjo en su población un efecto contundente. Más allá de las discusiones sobre matanzas voluntarias e involuntarias en nombre del etnocentrismo del Viejo
Continente, los indígenas se vieron sometidos a una tremenda presión cultural.
Ello se tradujo, en primera instancia, en una transformación de su cuerpo
cosmológico y religioso, que se vio erradicado de cuajo o sincretizado,
fundiendo sus viejas creencias con la palabra divina que los europeos trajeron
en forma de espada invertida. De modo similar, su lengua, costumbres y hasta su
expresión artística sufrió una transformación radical, de la cual la música no es más que un ejemplo notorio.
Dentro del espectro de la música, la influencia va más allá de la simple
adquisición de nuevas formas, melodías y ritmos, para extenderse al terreno de
la organología (sus instrumentos musicales). En la América precolombina casi no
existían ejemplos de instrumentos tales basados en cuerdas (cordófonos), aunque
hoy día la mayor parte de la expresión folklórica de esos pueblos indígenas se
basa en la utilización de algunos de dichos cordófonos. Sirvan de ejemplo la
guitarra, el arpa, el violín o el charango que nos ocupa.
Este instrumento musical constituye uno de los ejemplos más sobresalientes de
transculturación, es decir, de la adopción y adaptación al acervo propio de un
elemento foráneo. Este instrumento tiene su origen en otro vigente en la España
del siglo XVI y hoy desaparecido, la antigua vihuela de mano, que en la época de
la conquista estaba en su apogeo.
El charango ha logrado sobrevivir a sus predecesores y actualmente su
utilización se encuentra extendida por amplios sectores del área andina de la
América sureña: del noroeste de Argentina, norte de Chile y Bolivia, a Perú y
Ecuador. Actualmente constituye uno de los signos de identidad de las culturas
de aquellos parajes, los descendientes de los antiguos incas y hoy identificados
según sus familias lingüísticas en quechuas y aymaras. La primera referencia
histórica se ha encontrado en Tupiza (Bolivia) en 1814, aunque lo más probable
es que existiese ya desde el XVIII.
Globalmente se ha dado a conocer gracias a la inclusión de dicho instrumento en
el tema "El Condor Pasa"; que el dúo Simon & Garfunkel grabó a principios de los
70, que le hizo gozar de cierta popularidad durante la década. Otro ejemplo de
utilización internacional en dicha época está en la banda sonora de la película
Estado de sitio (del director Costa Gavras) compuesta por el griego Mikis
Teodorakis. Más adelante su proyección se profundizaría de la mano de grupos
como los chilenos Inti Illimani, la Misa Criolla; del argentino Ariel
Ramírez o en las manos de su compatriota el charanguista Jaime Torres.
Pero, ¿qué es un charango? Se trata de una especie de guitarra pequeña de sonido
particular, que suele tocarse mediante rasguidos del dedo índice, aunque cada
vez más suele incluir en su interpretación pequeños solos melódicos, así como
arpegios. El origen de la palabra es confuso. Aunque hay quienes han descubierto
palabras indígenas de sonoridad semejante, mientras otros apuntan a una
etimología española a través de la palabra charanga: bullicio, alegría, y
también orquesta de instrumentos metálicos. Sin embargo, lo que más le
diferencia de otros instrumentos similares no es su nombre sino su construcción
y afinación.
Aunque en Bolivia y otros lugares existen especímenes de tamaños diferentes, el
modelo más difundido es el de cinco órdenes de cuerdas dobles y 63 cm de largo.
Los otros modelos registrados en dicho país son: ranka (de 8 cuerdas en 5
órdenes); walaycho o kalampiador; khonkhota o guitarrón (de 8 cuerdas y 5
órdenes); anzaldeño o charango campesino; ayquileño o laukeado; kirki (hecho con
la caja de quirquincho, el más frecuente); sacabeño (campesino); de pukarillo o
de chojllo-chojllo (por el pegamento y cuerdas de raíces que utiliza);
vallegrandino (de 6 cuerdas en 4 órdenes); p'alta (aplastado); medianas
(pequeña, mediana y grave); maulincho (pequeño); estaquillado (contra la humedad
para las regiones selváticas); charango-juguete (de madera o calabazas); uñancha
(un anzaldeño de 10 y 11 cuerdas en 6 o 7 órdenes); o tajlachis (bajo, mediano y
alto, según la altura de su caja). Además, los charangos muestran diferentes
variantes en la forma y materiales con que se fabrica su caja de resonancia.
Entre ellos, el más habitual es el fabricado con el caparazón del quirquincho
(también llamado mulita, bolita, pichiciego o gualacete), un animal
perteneciente a la especie de los armadillos aunque, últimamente, debido al
peligro de extinción de esos animales, son más comunes los charangos fabricados
en madera laminada, en forma de guitarra como distintos tipos de lomos (planos o
abombados). Pero también los hay de madera ahuecada, de lata, de cuero crudo, de
hueso, de asta de buey, etc. El charango es muy similar en su construcción a la
guitarra, incluida la caja, la tapa y el mástil. La caja construida con el
caparazón del armadillo se adhiere a la tapa armónica en forma de ocho y tiene
un oído (o boca) central. El mástil es de madera y suele tener 17 trastes. Está
pegado por un extremo a la caja y por el otro a un clavijero del que parten
cinco pares de cuerdas que originalmente eran de tripa, pero hoy son metálicas o
de nailon (también suele utilizarse sedal de pesca).
Como señalan algunos musicólogos, como el argentino Carlos Vega, parecería que
la adopción del caparazón del armadillo simplifica la complicada construcción de
los aros laterales de la caja de una guitarra. Esta característica podría
deberse a la falta de una tecnología para curvar las maderas por parte de los
indígenas de las misiones que pretendían contar con un instrumento similar a la
vihuela de mano o la guitarra. Lo cierto es que, hoy día, su construcción
resulta bastante más compleja que la de una guitarra.
Aunque se han llegado conocer más de cien formas de afinación distintas, la más
habitual y extendida es la siguiente (del quinto orden de cuerdas al primero):
Sol4 (unísono) Do3 (unísono) Mi4-5(octava) La4 (unísono) Mi5 (unísono).
Esta afinación tiene la particularidad de no seguir el habitual orden del grave
al agudo que se da prácticamente en todos los instrumentos musicales. Esta
ordenación es rara en nuestros días, pero no lo era tanto en la Europa del siglo
XVII. El padre Marín Mersenne, autor en 1636 de una Harmonie Universelle,
da noticia de un tipo de guitarra de cinco órdenes dobles afinado así: Sol4;
Do5; Mi4-5 (octava); La4; Re5. O sea, igual al charango, a excepción del primer
orden, con el Re5 en lugar del Mi5
El charango suele ser instrumento favorito para el acompañamiento de géneros
musicales mestizos del área andina del sur como carnavalitos, bailecitos,
huaynos, trotes, cuecas o yaravíes. Suele estar acompañado de la voz, quena o
sikus (flautas de Pan), a veces junto con guitarra, bombo tubular e incluso
bandoneón.
Entre los solistas más destacados de este instrumento destaca sobre todos el
nombre del argentino Jaime Torres, aunque actualmente hay una generación de
jóvenes intérpretes de gran calidad, entre los que destacan el chileno Héctor
Soto, los bolivianos Saúl Callejas, Edwin Castellanos y Ernesto Cavour, el
peruano Jaime Guardia, además del chileno Fernando Sepúlveda o el argentino
Rolando Goldman. La destreza en dicho instrumento ha traspasado las fronteras de
su área de difusión original y hoy día podemos encontrar grabaciones de
charanguistas europeos como Jorge Milchberg o Philipe Longchamp.
Otro artículos sobre el charango:
Descripción del Charango
La
Biología del Charango
|