La influencia del Islam se extiende actualmente desde la costa atlántica y mediterránea del norte de África hasta el Cercano Oriente, donde se divide en dos ramas: una de ellas se dirige a Irán y llega hasta Indonesia en el sureste asiático, mientras que la segunda lo hace hacia el Este de Europa. En las zonas fronterizas, las tradiciones musicales están muy mezcladas y el elemento islámico muy difuminado, aunque en toda su área de influencia conserva una unidad cultural característica que predomina sobre las vernáculas. En esta unidad cultural la expresión musical se basa en el talento individual. El músico suele ser compositor, intérprete y libre improvisador, centrándose la valoración del arte en los detalles más que en la estructura.
La interpretación se organiza en torno a una serie de indicaciones sobre notas preferidas, pequeñas células rítmico-melódicas, conclusiones y otros convencionalismos, siempre en torno a un modo melódico concreto. El objetivo es alcanzar el tarab, el punto donde se encuentran el sentimiento y el intelecto del arte de hacer música.
Hasta finales del siglo XIX, la música árabe clásica ha ido creciendo en las cortes y entre clases privilegiadas, especialmente gracias al mecenazgo de la aristocracia. Revestía carácter de entretenimiento, simbolizaba la grandeza e incluso se utilizaba como arma política, siendo su punto de partida la poesía.
La transmisión ha sido básicamente oral, e incluso hoy día se sigue utilizando
una notación sólo con fines pedagógicos, aunque sin excesiva precisión. Por
ejemplo, un mismo modo puede tener diferentes nombres y afinaciones según la
ubicación geográfica de la escuela.
Historia
Los primeros textos históricos sobre esta música relatan leyendas de las tradiciones indígenas de los árabes preislámicos, tribus nómadas agrupadas en clanes. La expresión fundamental de estos beduinos era la canción de caravana o huda´, un canto fuertemente rítmico y repetitivo, con cierto matiz de queja. De esta expresión musical derivan las ghina´, o canciones de los primeros músicos islámicos. Dichas canciones empiezan ya a denotar influencias bizantinas y persas.
Doce años después de la muerte de Mahoma, los ejércitos islámicos comenzaron a formar el futuro imperio. Se conquistaron Siria, Iraq, Persia, Armenia, Egipto y Libia, y con esto empezó el contacto y la influencia mutua entre las culturas conquistadas y la conquistadora, hecho que se prolongaría durante toda la expansión del imperio islámico. En dicha época empieza a conformarse el sistema modal.
El imperio islámico siguió extendiéndose, trasladándose la capital a Damasco. El músico más importante de la época de los Omeyas fue Ibn Misjah. Nacido en la Meca de una familia persa, viajó a Siria y Persia, donde aprendió la teoría y la práctica bizantina y persa, añadiéndolas a la formación árabe que ya poseía.
Características musicales
Las principales características de la música árabe son la homofonía modal, la
ornamentación florida y el ritmo modal. El sistema modal melódico del mentado
Ibn Misjah habla de ocho modos, y subsistió hasta el siglo XI, donde se pasó a
12 modos que en el XIII se empezarían a llamar maqamat, cuando se les añadirían
otros cinco. En el XVI se adoptó una nueva afinación y un acercamiento al
concepto de la raga hindú con sus fórmulas melódico-rítmicas típicas.
En la ornamentación árabe encontramos no sólo trinos, trémolos y apoyaturas sino también sonidos acompañados por intervalos perfectos (unísono, cuarta, quinta u octava). Por su parte, los modos rítmicos son una adaptación de la métrica de la poesía, al menos desde la emancipación de la práctica instrumental hacia el X. En cuanto a las formas, la más importante y elaborada es la nuba, una quot;suite" de piezas vocales con preludios instrumentales, cuyo probable origen se remonte a la corte bagdadí de los Abásides.
En cuanto a los instrumentos, suelen derivar de culturas semitas precedentes, como el ud (laúd árabe) o la durbaka, el tambor con forma de copa. Otros destacados son el tambor daf, el salterio qanun, la flauta ney, y la viola rababa. La afinación para la interpretación de la música árabe exige la división de la octava en 17 notas (las 12 de la escala cromática occidental, más otras cinco no temperadas), pero sólo algunas pueden ser tónicas.
Durante los taksim o improvisaciones instrumentales es habitual el recurso de
la modulación, pero siempre siguiendo un complejo esquema de variaciones
permitidas. Algunos instrumentos, como el baglama o saz de Turquía, permiten la
interpretación de los maqamat a partir de cualquier tónica, con lo que, de hecho, se genera un sistema de afinación de entre 24 y 30 notas por octava. Los teóricos de dicha cultura elevaron las divisiones a 53 temperadas (que surge de la división de la octava en commas pitagóricas), de los cuales se suelen utilizar 36.
Música andalusí
La cultura árabe entabló contacto con la cristiana a partir de las Cruzadas, pero especialmente desde la ocupación de la península ibérica, donde dejaron marcadas influencias durante los siete siglos de coexistencia con cristianos y judíos. En este contexto destaca sobre todo la figura de Zyriab, un esclavo liberado y excelente músico que se vio obligado a trasladarse de la corte de Bagdad al reciente califato de Córdoba, donde crearía 24 nubas que aún se conservan, total o parcialmente, en la tradición andalusí del norte de Marruecos.
La música árabe andalusí no se interpreta en salas de conciertos, sino en las celebraciones y reuniones familiares. Los textos a los que se ha puesto música están redactados en árabe clásico (apenas comprendido por el público) y datan del período entre los siglos VIII y XV. Los temas favoritos son el amor cortesano, las alabanzas al Profeta, las descripciones (de los jardines andalusíes, Sevilla, Granada o el Guadalquivir), y la nostalgia de los árabes por al-Ándalus después de la expulsión. Estas músicas tienen signos evidentes de influencias interculturales. Por ejemplo, los poetas judíos escribían en árabe y en hebreo, utilizando las mismas estructuras poéticas. Tampoco era nada infrecuente la utilización de una melodía de otra cultura o religión para adaptar un texto en otro idioma, procedimiento conocido como contrafacta.
El repertorio cristiano de la época recoge dichas influencias bien a través
de la liturgia mozárabe (cristianos bajo dominación musulmana), bien a través de
recopilaciones de enorme valor documental, como las Cantigas de Santa María, de Alfonso X el Sabio (siglo XIII). Por su parte, los judíos expulsados de la
península al final del siglo XV, llevarán las melodías y sonidos de su añorada
Sefarad (así como una variante del español antiguo conocida como ladino) a los
países de su renovada diáspora, especialmente en el Magreb y el fondo del
Mediterráneo (Turquía, Bosnia, Grecia, etc.).
Grandes músicos
En el siglo XX, de los clásicos Umm Kulthum, Fairouz, o Farid Alatrache en
los albores de la era de las grabaciones, a los renovadores Natacha Atlas,
Rachid Taha, Khaled o Cheb Mami, la música árabe ha logrado tímidamente
traspasar algunas fronteras. Otros nombres a tomar en consideración son los de
Simon Shaheen, Amr Diab, Kathem Al-Saher, Wael Kafoury, Nawal Al-Zughbi, Dianna Haddad o George Wassouf.
En cuanto a la música andalusí, sus principales valedores son las escuelas de música del Magreb, como las de Tetuán, Tánger y Fez (en Marruecos) o Oujda y Tlemecén (en Argelia). En nuestro país [España], gran parte del trabajo de edición e interpretación de este repertorio corre a cargo de los grupos de Gregorio y Eduardo Paniagua, y Luis Delgado. También existen magníficas grabaciones étnicas y de grupos de EE.UU. (Boston Camerata con Joel Cohen, The Voice of the Turtle), Israel, Francia e Italia.
Musicas Del Mundo
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